El joven origami

Por fin, faltaba poco para iniciar las clases en la preparatoria y esa chica estaba realmente emocionada por ello. Se había propuesto hacer muchos amigos y disfrutar de su nueva estadía escolar, pero, antes de eso, tenía que asistir a un curso para los de nuevo ingreso.

Ese día se levantó con entusiasmo y se preparó para no llegar tarde a la escuela, estaba emocionada y nerviosa a la vez. Todo parecía ir bien, le agradaban las instalaciones y todos aparentaban ser muy aplicados (si, aparentaban).  Ella lo creyó así, todos de cierta manera inteligentes al contribuir con esas clases introductorias, le parecían interesantes y a la vez a hacían sentirse algo inferior. (Gracioso, ¿no?)

Entonces empezó con lo que se había propuesto: conseguir muchos amigos. Ese era su propósito, ser una chica social y divertida, formar a muchos amigos ahí. Y eso era porque, ella realmente no era así, mas bien lo que la caracterizaba era el ser alguien introvertida y callada. Todos en la secundaria tenían esa perspectiva de ella, o al menos la mayoría.

Bien, era hora de cambiar, ella quería dar lo mejor de sí y disfrutar al máximo su preparatoria. ¿Qué mejor oportunidad para comenzar de nuevo?

Y así fue, entablando conversaciones en cuanto hubiera oportunidad.

Aún recuerda a la chica con quien formó amistad primero. Si, su nombre era el mismo que el de ella. ¡Valla coincidencia! Era divertida y simpática, empezó a juntarse con ella a partir de ahí.

Los días pasaban y todo parecía ir bien.

Fue entonces, que en una clase tenía ganas de hablar con alguien más, con quien sea, era divertido conocer personas nuevas. Y ¿por qué no? Encontrar a nuevos amigos.

Estaba casi al final de la fila y frente de ella se encontraba un chico, ¿Cuál era su nombre?, no lo recordaba. Pero, lo había visto muy participativo en las clases, tal vez era alguien dedicado. Los prejuicios nunca sobran antes de conocer a alguien, siempre suponiendo el qué o como serán.

La chica de ojos verdes estiró su brazo y tocó el hombro al joven sin pensarlo, era un rato de esos en los cuales no había nada que hacer. Lo único que se le vino a la mente era decir un simple “hola” y agitar su mano animadamente. No le importaba realmente verse tonta o algo por el estilo.  Notó de inmediato que sus ojos eran de color similar a los propios. Entonces empezaron a charlar, y ella invitó a sus recientes conocidos a platicar con ellos. Fue divertido, iban de un tema a otro, siempre acompañando las palabras con risas.

Entre ese grupo de nuevos amigos también estaba otro chico, cabello negro y ojos café, era también simpático y, junto con el chico de ojos verdes, se volvieron amigos en poco tiempo.

Todo iba bien, ya habían empezado las clases y todo parecía marchar a la perfección. Bueno, sin contar el gracioso incidente de que en su grupo había otras tres chicas con el mismo nombre que ella (pero a ella le parecía especialmente divertido), cabe destacar que las tres eran geniales y también entraron en su circulo de amigos.

Ahora se juntaba con dos chicas (Lucía) también con similitud de nombres y otras dos chicas con su mismo nombre. En total eran dos Lucías y tres Kenias, juntándose en el receso a platicar. Era muy  gracioso y se sentía muy bien con ellas.

A lo que vamos, no siempre todo iba a ir bien en este inicio de clases, al principio los dos chicos mencionados estaban peculiarmente apegándose a esta chica, al principio a ella no le molestaba en absoluto. Pero pronto notó como el uno y el otro comenzaban a…  ¿competir? Pero ¿que rayos era eso? Siempre intentaban estar cerca de ella en clase, casi peleando por el lugar junto a ella, cualquier pretexto era bueno para hablar y en su mayoría las platicas eran graciosas pero…

La joven de cabello ondeado y ojos verdes comenzó a cansarse, en veces no la dejaban disfrutar de la compañía de sus amigas y eso la empezaba a frustrar. Tal vez ellos no se daban cuenta, tal vez lo mejor era alejarse un poquito de ellos discretamente. Aunque no todo resultó bien.

Sentía temor de lastimar a alguno de los dos, ella siempre a sido astuta para enterarse de los sentimientos de los demás (eso, o fueron muy obvios) y la verdad no pensaba en tener novio en ese momento.

Ella recuerda muy bien su relación con ambos chicos, eran buenos amigos y se divertían mucho, en especial con el de ojos verdes, por que el otro resultaba ser algo mas… ¿acosador? (sin ofender a nadie). Pero notó que el chico de ojos verdes no salía de las mismas charlas (chistes), comenzaba a molestarle un poco, ¿no se podía tener una charla seria con un amigo como el?, no lo sabía, pero para no lastimarlo tenía que dejar que el formara sus propios amigos. Lo cual era difícil, pues al parecer no sabía mucho sobre socializar. La seguía a todas partes, y también comenzaba a incomodar a sus amigas. Vaya cosas que suceden.

Pasó el tiempo y pronto llegó el día en que el chico se le declarara a la joven, no fue algo romántico, fue más bien incómodo. Antes de esa confesión, los días fueron muy tensos, ella sentía cómo el no dejaba de observarla, lo que la orilló a alejarse aún mas, no solo de el, también del otro chico para no ilusionar a ninguno. No le gustaba jugar con los sentimientos de los demás.

La situación fue aún mas abrumadora para ella porque pareciese ser que ambos jóvenes se hubieran puesto de acuerdo en decirle sus sentimientos a ella, fue un remolino de confusiones que no la dejaban en paz.  Rechazó a ambos.

Enfocándose en el ojiverde, ella le dijo que no podía corresponder sus sentimientos. Puede sonar feo, pero fue como quitarse una carga de encima, pero el sentimiento de culpa nunca tarda en llegar, y menos para esta chica. Prácticamente fue su culpa que el chico se quedara sin amigos, pues la mayoría eran amigos en común.

(…pero, ¿Quién le dijo que les dejara de hablar también?) La chica quería justificarse, pero no podía.

El tiempo pasó y parecía que el chico había entendido el punto, ella se sentía mal al verlo triste, pero no podía hacer nada, puesto que temía darle “alas” de alguna manera. Lo mejor era que el tiempo hiciera lo que tuviera que hacer.

El día en que por fin pudo volverle hablar, fue otro comienzo, ella quería seguir siendo su amiga. Después de todo, aquel chico que hacía figurillas de origami para ella no era malo. Y ella lo sabía, puesto que detestaba cuando lo trataban mal por ser como era.

Entonces, con tan solo unas palabras se podría decir que reconciliaron su amistad, la cual, hasta ahora no ha sido interrumpida. El es su mejor amigo, alguien en el cual puede confiar siempre, una estupenda persona que, está segura, encontrará su felicidad. Una felicidad que no sería solamente un capricho infantil, sino un amor maduro y consciente.

Porque el amor, muchas de las veces, no está donde creemos haberlo encontrado, sino más allá de los espejismos de la ilusión.

Ahnira Sang

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s