Myself (3/5)

Capítulo 3

Recuerdos

Se encontraba ahí parada en medio de una calle bastante transitada por los habitantes de lo que parecía ser su ciudad natal. Aunque no entendía nada excepto que se encontraba acompañada por un completo desconocido, una persona a la cual no lograba reconocer aún, seguía controlándose para no ser una presa más del pánico.

—Soy Eduardo, ¿no me recuerdas? —con una sonrisa— tú sí que no has cambiado nada.

—¿Eduardo? Espera un minuto, ¿enserio? —comentó sorprendida— no te reconocí, ayer te veías…

El primer acompañante posó una mano sobre el hombro de la chica.

—Si, el ayer fue el ayer y el hoy… ¡Vamos a disfrutarlo nena! —expresó el moreno, con emoción— En serio no puedo creerlo.

—Has cambiado demasiado —con una sonrisa en el rostro la chica inspeccionaba el aspecto del que parecía ser un antiguo amigo.

—Ven, tenemos que hablar un montón —sosteniéndola de la mano tomó rumbo hacia una cafetería cercana de ahí.

Se sentaron en una mesa cercana a los ventanales de aquel agradable lugar, Mónica por fin tomaría un respiro.

—Así que dime tú, ¿no habías pisado la ciudad en todo este tiempo? —pausando—, o ¿desde cuándo estas aquí?

Llegó una mesera a atenderlos, pidieron unas bebidas y se retiró.

—Como sea, me sorprendí muchísimo cuando te vi. Pues cuando te fuiste fue como si te hubiera tragado la tierra.

—La verdad yo… —mirando en dirección hacia el otro compañero, que estaba sentado en otra mesa, sólo formó un ademán de silencio al verla.

—En cualquier caso, después de que Enrique se mudó de igual forma que tú, todos comenzamos a tomar rumbos diferentes. —posó ambos codos sobre la mesa— Inés decidió estudiar medicina; Elisa terminó casándose con Héctor que, después de toda esa insistencia pensé que simplemente lo echaría a volar; Armando consiguió seguir con el futbol después de algunos problemas familiares; Ana y Verónica dejaron de hablarse luego de que Verónica logró entrar a la universidad, en cambio Ana, no obtuvo buenos resultados…

—Tantas cosas… —mientras miraba el servilletero que se encontraba frente a ella—, y Sebas, ¿Qué ha sido de él?, ¿se ha casado?, ¿continuó sus estudios?… ¿sigue viviendo aquí?

El moreno puso una cara de seriedad en cuanto ella lo mencionó.

—¿Eduardo?, ¿qué pasó con él?

—Sebastián, el no…

—¿Qué tiene Sebas? —preguntó nuevamente. En ese momento llegó la mesera y les entregó sus respectivas bebidas— contesta. ¿Qué ha pasado?

 Él tomó el refresco entre sus manos y aguardó un momento.

—Mónica, lo siento. Sebastián falleció hace cuatro años. Pensé que lo sabías. Él tuvo un accidente de tráfico y quedó en coma durante trece meses, pero luego de eso…

—No bromees conmigo —riendo nerviosamente comenzó a jugar con la pajilla de su vaso—, con eso no se juega, anda, dime la verdad.

Eduardo tomó su refresco de cola, guardó silencio. Mónica rompió a llorar. Su cabeza se encontraba hecha un lío, no entendía nada de lo que estaba sucediendo y encima se llevaba esa terrible noticia, ¿podía ser verdad todo aquello? Lo que más deseaba es que fuese mentira, una amarga broma que le estaban jugando.

—No puede ser cierto, no puede ser cierto, no puede ser cierto… —murmuraba entre gimoteos que nuevamente se convirtieron en un llanto desconsolado.

Eduardo solo la veía en silencio, no sabía que decir sin herirla aún mas. Mientras tanto, Mónica respiraba bocanadas de aire tratando de encontrarle algo de lógica a todo lo que estaba sucediendo, hace unas horas había hablado con él y ahora estaba muerto. Después de tanto tiempo de conocerlo, de haber formado buenos y malos recuerdos junto a él, de haberlo querido tanto. Después de abandonarlo.

Cinco años ¿Por qué había perdido todo ese tiempo?, ¿Cómo había transcurrido tan rápidamente? Todo empezaba a dar vueltas en su cabeza, y un escalofrío recorrió su cuerpo. No obstante, había alguien que podía explicarle todo, y esa persona era aquel misterioso joven.  Giró lentamente su cabeza hacía el lugar donde se encontraba y entonces se dio cuenta, él no se encontraba ahí.

—¿Dónde está? —levantándose de su lugar.

—¿De quien hablas? Tranquila…

—Del chico, el que venía con nosotros —buscando con la mirada.

—Espera, Mony, aparte de ti y de mí, nadie más nos acompañaba.

—Sí, llegué aquí con él: alto y cabello negro, venía conmigo desde el principio.

—Estás alterada por la noticia, tranquila, él está en un lugar mejor.

Pero ella dejó de escucharlo y se dirigió afuera, tenía que encontrarlo. No podía abandonarla en esa situación, tenía que explicarle o se volvería completamente loca. Su corazón bombeaba sangre tan rápido que el sonido retumbaba en sus oídos y sus manos comenzaron a temblar, estaba asustada.

Gente caminaba de un lado a otro con prisa, los observaba uno por uno. De pronto una serie de recuerdos invadieron sus pensamientos, de tal forma que parecían empujarse uno a otro hasta que todo se detuvo en uno solo:

Un joven sostenía su mano, encontrándose sentado a un lado de ella sobre el pasto. Era una noche fría y ambos miraban al cielo, admirando las brillantes estrellas que se extendían hacia el infinito.

Me gustaría detener el tiempo en este momento dijo ella.

Lo haré por ti toma su reloj de muñeca y detiene las manecillas.

Aún sigue corriendo el tiempo, tonto.

Te prometo que cuando sea el momento justo, detendré el tiempo por ti….

Ahnira Sang

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s