Myself (4/5)

Capítulo 4

Oportunidad

Había caminado por casi una hora sin rumbo alguno, el sol ya se había ocultado y el frío comenzaba a sentirse. Había abandonado a su amigo Eduardo, y ahora no tenía compañía alguna.

Después de aquella larga caminata decidió sentarse en la banca de un parque, ese en el que había llegado a parar luego de tanto buscar. Respiró hondo y trató de relajarse cerrando los ojos y escuchando el balancear de las hojas que se encontraban en lo alto de los arboles. Los pajarillos cantaban mientras buscaban su lugar en ellos; la gente seguía con su vida, todo parecía normal. Todo, excepto ella. Aun intentaba comprender la situación, pero ya no le veía caso darle tantas vueltas al asunto, sola no comprendería nada en absoluto. Ahora, lo importante era encontrar a ese muchacho misterioso que la había llevado a todo esto.

—¿Me buscabas? ­—clavando su mirada avellana en ella.

—¡Me asustaste! ¿Dónde rayos estabas? —notablemente molesta.

—Tienes que vivir —dijo, mirando al cielo.

—¿Disculpa? —todo era cada vez más confuso.

—Tienes que vivir. Eso me dijo él, es un mensaje para ti.

—¿Quién?, ¿de qué me estás hablando? —un silencio se abrió campo entre ellos—… ¿Quién eres tú?

—Te llevaré con él —se levantó y empezó a caminar. La joven lo siguió.

Tal vez ese chico pelinegro no era el indicado para responder a todas sus cuestiones. Decidió entonces aliarse con el silencio, seguro su jefe o quien sea que fuera le explicaría lo que estaba pasando.

Mientras caminaban se lograban ver centros comerciales, restaurantes, hoteles y demás cosas nuevas para ella, su ciudad había cambiado a gran escala. Era sorprendente ver todo aquello, pero lo que fue más sorprendente aún era ver cómo todo aquello desaparecía de su vista y a cambio se posaban cientos de nogales ante ella.

Ahora ambos estaban en el campo, y ella estuvo apunto de gritar del susto. Pero se contuvo, respiró profundo  y se volvió hacia el misterioso joven.

—¿Cómo hiciste eso? —viendo a sus alrededores, que mágicamente habían cambiado—, ¿Dónde estamos?

—Sígueme… —expresó con serenidad.

Se adentraron a la multitud de árboles y, después de unos minutos, salieron por un sendero que conducía hacia un cementerio.

—No, ¡no, no no! —lo detuvo de un brazo—.Yo, ¡yo no entro ahí!

—Está bien, quédate aquí sola. —siguió su camino a paso constante.

—E-espérame. Pensándolo mejor, voy contigo, pero no hagas nada raro.

—¿Raro?

—Sí, esa magia que usas, o desaparecer, o cualquiera de esas dos. —mirando de un lado a otro.

Caminaron durante un rato. El frío ahí era más penetrante que en la ciudad y la única luz que los acompañaba era la que reflejaba la luna. Un aire misterioso se respiraba en el lugar, y Mónica empezaba a perder la calma.

—Aquí —se detuvo frente a una lápida de color más claro de las que habían visto anteriormente.

Ella cesó su caminar, observó al joven, y luego a esa tumba. Se inclinó un poco para ver el nombre que había sido grabado ahí. Luego, con tristeza, pasó la mano por encima de éste. Sobre la fría lápida se encontraba el nombre de Sebastián Feurstein.

—En verdad murió —su corazón dio un vuelco al escuchar sus propias palabras.

El viento sopló con pesadez.

—Hace 6 años ésta persona hizo un juramento, quería proteger a una persona en especial —posó una mano sobre su hombro—. Prometió que cuando fuera el momento justo, detendría el tiempo por ella.

—Detener el tiempo…

—Él sabía lo que iba a suceder en aquel momento, tú morirías en un accidente de tráfico. —ella lo volteó a ver sorprendida— Pero él no podía aceptarlo, era algo que no podía dejar que sucediera. Entonces recordó su juramento, y deseó con todas sus fuerzas poder cumplirlo. Solo se le dio una oportunidad: si lograba retenerte, sus vidas se conservarían, pero si no, uno tenía que marcharse.

¿Lo recuerdas?, él lo intentó, pero no pudo obligarte a hacer nada, te amaba demasiado. Después de subirte al automóvil, el corrió tras de ti, y pensó que no podía ser posible aquello. Lo que más amaba se le escapaba de las manos y no podía hacer nada más, nada más excepto desear que fueras feliz sin su presencia en tu vida. Por supuesto que todo eso era el final que menos había querido, y pedía otra oportunidad, pero era demasiado tarde para obligarte a que te quedaras a su lado. Era egoísta, tan egoísta como todas las personas del mundo. Sin embargo, al final entendió que todavía tenía esa oportunidad que le habían dado.

Tomó las llaves de su auto y se dirigió a la carretera a alta velocidad, tenía que llegar hasta aquel lugar antes que tú y evitar que tu vida se perdiera en ese momento. Llegó, y las vidas que se perdieron aquel día eran justamente las que se tenían que perder. Ni una más, ni una menos, pero con un peculiar desacuerdo con el destino…

Mónica se encontraba en silencio, sus labios temblaban y no lograba articular palabra alguna. No podía creerlo, todo era una locura, una triste locura que no quería aceptar. Imaginar que alguien había dado la vida por la suya, imaginar que él había muerto en su lugar. No podía aceptarlo. Ella debería haber muerto, no Sebastián, Sebastián tenía que vivir.

—Por favor —dijo con una voz débil—… por favor, denme una oportunidad a mí, ese día tenía que morir yo. Devuélvanle a la vida y llévenme a mí, ¡por favor! —tomó al extraño por los hombros.

—No puedo hacer eso…

—¡Por favor, por favor!… —lágrimas corrían por sus mejillas.

—Lo siento.

De pronto todo a su alrededor comenzó a resplandecer levemente, mientras se disolvía en pequeñas esferas que revoloteaban alrededor, emitiendo una luz blanca, invadiendo el lugar por completo.

Ahnira Sang

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s