LA CAUSA DE TUS MALES

 

Solía atormentarme cada vez que abría la llave del agua caliente y me salía fría, cuando planeaba las cosas y algo me salía mal, cuando cada boleto de sorteo que compraba resultaba no ser el ganador. Solía atormentarme cada tropiezo, cada chicle pisado, cada semáforo en rojo, pensaba: ¿acaso será un castigo divino?

Me atormentaban tanto cosas grandes como las pequeñas, mi pregunta favorita a cada una de esas situaciones surgía inmediatamente. Mi alarma no sonaba, encontraba sucia la camisa que utilizaría ese día, me quemaba con la taza de café, mi pan se había caído por el lado de la mermelada, perdí el camión de las 6:00a.m., el taxista me había cobrado de más, había llegado tarde al trabajo y descubierto que el proyecto a entregar lo había olvidado en mi departamento. Entonces me preguntaba, ¿por qué a mí?

Los días pasaban con gran frenesí, impregnados de malas situaciones destinadas para mi. Alguna especie de prueba me esperaba al cruzar la puerta, quizá solo faltaba la escena del piano cayéndome encima justo cuando salía a la banqueta. Creo, de alguna forma, me salvaste de eso.

Sí, me has salvado del fatal destino, ese que me había trazado en la cabeza durante toda mi vida. Y te conocí, y no estoy diciendo que tengas un súper poder, o que hayas encontrado un extraño invento que dispersara lo malo en mi vida. Lo que hiciste, lo único que hiciste fue compartir. Y eso, me curó.

Ahora me miras con esa expresión que me encanta, seguro crees que me he vuelto un demente. Así es, justo como yo pensé de ti aquel día en que cruzamos palabras por primera vez, cuando descubrí esa forma de pensar tan realista y optimista al mismo tiempo. ¿Cómo encontrar siempre el lado bueno de las cosas?

Como personas, no solemos compartir lo que pensamos, vivimos aferrados a una máscara que mostramos a los demás, para que no se den cuenta de lo que tenemos dentro. Justo como la máscara que te mostré aquel día que fingí no estar molesto ante tus graves comentarios, ¿cómo era posible que me dijeras tantas verdades tan a la ligera? Y ahora me atrevo a quitármela y decirte que en el justo momento que me dijiste que yo era la causa de mis propios males, sentí que me hervía la sangre, más no hice otra cosa que sonreír.

Ahora recapacito y me doy cuenta que tienes algo de razón: he caminado por la vida fijándome en lo que me falta, y no en lo que tengo. He sembrado amargura, recelo e inseguridad ante todas las situaciones que me rodean y, en lugar de aprender de eso, reniego.

Vivimos en un mundo que exige la perfección, y tu me enseñaste que la perfección no existe. ¡Qué gran mentira nos ha inculcado la sociedad! ¿Qué hago entonces? Dar amor, comprensión a mi mismo y a la propia vida. No ser tan exigente con ella, es imposible que cumpla todas mis expectativas. ¿Debo renunciar a lo que deseo? ¡Claro que no! Debo esforzarme por hacer las cosas aún mejor.

Por eso inicio aquí, contigo, y te pido una disculpa por no ser sincero contigo. Gracias por compartir algo de ti, espero hacer lo mismo y contagiar esto que ha nacido ahora en mi.

 Ahnira Sang

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s