En blanco

En blanco

En este preciso momento no sé que pensar, todo es confuso. Pero, ¿acaso es una simple coincidencia? No, en definitiva esa no puedo ser yo. Porque yo no se nada al respecto. Es una broma, ¿cierto?

Espera un momento, algo parece escabullirse de entre mí mas profundo pensamiento, queriendo fluir dentro de mi mente como una vieja cinta de película.

Ahora, se podría decir que el comienzo de todo fue cuando me presenté como voluntaria en la biblioteca del centro sur de mi cuidad. Esa enorme biblioteca que jamás pasará desapercibida ante los ojos de los conductores que recorren diariamente la avenida que se extiende frente a ella.

Recuerdo que ese día llegué con cierto desasosiego, pero amablemente fui aceptada junto con otro grupo de personas. Era el primer día de mi jornada, y la encargada de nosotros era la señora Beatriz quien atendía amablemente su trabajo de forma continua. Al pasar los días, tuve la oportunidad de charlar con ella cuando no había mucho que hacer, pero por lo general era una jefa estricta. También tuve el gusto de conocer a Pedro, el viejo conserje que al parecer trabajaba ahí con un salario mínimo, la causa por lo cual se notaba malhumorado la mayoría del tiempo. Anahí, mi compañera voluntaria,  solía comentar mucho al respecto. No le agradaba ver a las personas esforzarse tanto por un sueldo tan pobre.

¿Cuántos años me habías dicho que tienes? pregunté mientras ordenaba unas fichas que me habían encargado.

Quince, cumpliré dieciséis en Julio respondió con una sonrisa.

Ya veo, aún eres muy joven sonreí, he notado que te tomas esto en serio, comienzo a pensar que eres incluso mas madura que yo.

Reí ante mi comentario y ella amplió su sonrisa.

Tal vez lo sea escribiendo sobre la planilla velozmente, todo puede suceder en esta vida, Katia.

—Si, la vida nos sorprende muchas veces…

Técnicamente, eso es cierto, no todo suele ser relativo a lo que nosotros pensamos en varias ocasiones.

Acomodó sus lentes y giró su cabeza hacia mi, no obstante, desvió su mirada hacia un punto desconocido, a mis espaldas.

Por ejemplo… ese muchacho, desde hace unos días viene a esta hora y los libros que han sido registrados a su nombre son extraños ejemplares científicos. Cualquiera diría que está planeando algo. Pero, yo pienso que está enamorado de ti.

¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? solté una risilla chiquilla, creo que me equivoqué, no eres para nada madura.

Solo probaba tu intelecto para analizar las cosas levantándose, yo no fui la que propuso esa idea de que casualmente yo fuera mas madura que tú, así que tu propia conclusión fue derrocada por ti.

Se encaminó a dejar la planilla en su lugar, con aire de victoria.

Valla…me había dejado sin palabras, nunca he sido buena para debatir.

En mi curiosidad, me giré lentamente y visualicé al joven que mencionó Anahí. Inmediatamente captó mi atención.

Después de archivar unas fichas más, me levanté y me acerqué disimuladamente. Tomé rápidamente un libro cualquiera de aquel librero cercano a él, y luego de eso di unos cuantos pasos hacia atrás para que se percatara de mi presencia. Sin embargo, mis cálculos erraron y terminé chocando contra el respaldo de su silla. Voltee de inmediato para disculparme pero, por alguna razón, el libro se resbaló de mis manos y le acerté un buen golpe en la cabeza.

Lo siento mucho me disculpé, totalmente avergonzada.

Me miró con sus ojos avellana y mi corazón se sobresaltó. Pensé que iba a matarme, pero cambió su expresión por una suave sonrisa y levantó el ejemplar que lo había golpeado.

No te preocupes pronunció pasivamente, con un acento extranjero.

No era mi intención, yo solo… pensé rápidamente, solo buscaba este libro para mi investigación.

Me devolvió el libro que se había desplomado sobre el suelo.

Gracias tomé asiento. Enserio lo siento mucho

Observé el contenido de su mesa.

Tranquila, no has hecho nada malo.

Veo que te he interrumpido me aproximé a tomar uno de sus libros en mis manos ¿Qué es exacta…

El chico alejó el libro de inmediato.

No es nada interesante, cosas del trabajo expresó con tensión.

Ya veo, debe ser bastante complicado.

­Soy… Marco Mlynowski mirándome fijamente, luego volteó hacia el gran ventanal parece que lloverá hoy, ¿viste el pronóstico del día?

—No, no acostumbro ver televisión contesté inmediatamente… ¿eres de aquí?

¿A que se refiere? porque no vivo aquí, eso se lo aseguro riendo suavemente ¿y usted?

Oh, no. Tampoco vivo aquí acompañé su risa.

Su semblante se tornó un poco más serio, como si hubiera recordado algo triste. Trató de ocultarlo con una sonrisa.

Y, ¿trabaja aquí? La he visto en varias ocasiones.

Ermm… si, digo, no. La verdad es que vengo a hacer voluntariado —según yo, no mentí.

El chico cerró su libreta de notas inminentemente y echó un vistazo a su reloj de muñequera. Volteó alrededor, como buscando algo. El silencio se hizo presente.

-¿T-te gustaría –dijo al tiempo en que se levantaba, pero sus movimientos fueron torpes y empujó sin querer una de las pilas de libros que se encontraban posando sobre la mesa, haciéndolos caer inevitablemente al suelo.

Se apresuró a levantarlos y me acerqué para ayudarlo. Me pregunté qué clase de trabajo tenía esa persona.

Ah, que desorden exhaló y volvió a sentarse, soy un desastre.

No te preocupes, yo también soy algo torpe tomé asiento. Si te pones a pensarlo, es divertido. Quizá en el momento no mucho, pero si te pones a recordar…

Sí, recordar… expresó con nostalgia.

Mi comentario lo había incomodado, o eso creía yo. Así que decidí arreglarlo.

Pero, no todo en la vida es recordar, también es bueno pensar en el futuro alcé mis manos para denotar mi comentario. De todas formas el pasado queda atrás, las cosas se olvidan. En especial a mi se me olvidan, ¿no es gracioso? Querer acordarte de algo y poner esa cara extraña hice la cara extraña mientras posaba la mano en mi barbilla.

Logré que el chico riera después de eso. Sin embargo, en su mirar aún notaba tristeza.

Ese collar que llevas puesto, es una pequeña espada ¿verdad?

toqué el collar con mis dedos, me gusta mucho y jamás me lo quito.

¿Alguna razón en especial?

De pronto, un fuerte golpe se escuchó. Nos sobresaltamos y buscamos su origen. Era el señor Pedro, que había dejado caer el trapeador accidentalmente.

Nos miró a ambos con mala cara, en especial al chico. Levantó el objeto y se retiró a continuar con su trabajo.

¿Qué me decías? —pregunté.

—…nada —aclaró la garganta y movió los dedos con nerviosismo—, es un collar muy lindo.

Agradecí su comentario.

— ¿Sabías que una katana samurái puede llegar a cortar con su hoja los cuerpos de dos cerdos y medio apilados? —preguntó seriamente.

—No, no lo sabía, pero es sorprendente.

—Si, el samurái japonés era un gran guerrero. Pero, si hablamos de cosas sorprendentes, podemos destacar las curiosas formas de tortura que se han utilizado a lo largo de la historia en la humanidad.

Tragué saliva.

—Como, por ejemplo, cuando se colocan las extremidades de una persona en aquella máquina que tiene como función tirar de cada una de ellas, realmente doloroso ¿no crees? —pausó un momento— Pero, me imagino que una de las torturas mas crueles que existen, es esa que utilizaban en la época de la santa inquisición. Donde a unos que apresaban los colocaban bajo una gotera de agua, no podían moverse de ahí y, por lo tanto, el golpeteo del agua en su cabeza se hacía más y más molesto, hasta que llegaba a un punto de agonía total, puesto que las gotas perforan tu cráneo poco a poco.

Un escalofrío recorrió mi espalda. No era la conversación que me hubiera imaginado tener. Entonces, pensé en cómo alejarme de ahí, no me daba buena espina ese tipo.

— ¿No te parece interesante? —me miró fijamente, tan preciso en mi rostro, como si no existiera nada mas— hay tantas cosas interesantes en esta vida, como las inexplicables apariciones de los llamados “Espectros”. Que, no todos lo aceptan, pero ¿no te parece que serían demasiadas coincidencias para no ser cierto?

Era extraño, no podía moverme y empecé a ponerme nerviosa. Mi mente se quedó en blanco y lo único que podía escuchar en el silencio de la biblioteca era el latir de mi corazón.

—Sinceramente… —continuó mientras bajaba la mirada hacia mi collar—, no creo que de millones de individuos…

—…q-que hay en la tierra, todos ellos mientan o estén equivocados —expresé sin pensarlo—. Lo he oído en alguna parte.

¿Dónde? ¿Un libro? ¿Una película? ¿En donde lo había oído? No lo sabía, pero ese tal Marco era una persona extraña. Me había puesto los pelos de punta con sus comentarios.

Se levantó entonces con el rostro sorprendido y, acto siguiente, me tomó violentamente de los hombros con ambas manos y me giró hacia él. Me quedé petrificada, ¿Qué debía hacer? No logré articular palabra alguna, ni siquiera pude gritar, estaba asustada.

Reaccionó, luego de unos segundos de tensión, y me soltó. Se dejó caer sobre la silla en la que anteriormente estaba sentado.

—Una buena amiga solía decir esa frase seguido —expresó mientras hundía el rostro en sus manos—, me sorprendió cuando la dijiste. Perdóname.

Que buen pretexto, pero poco convincente para mí, era alguien peligroso y ahora tenía que alejarme de ahí y advertirles a los demás, esconderme o hacer cualquier otra cosa que no fuera estar cerca de él.

—No te preocupes —forcé una sonrisa—, bueno, tengo que irme.

Tomé el libro en mis manos.

—Espera un momento Katia —puso su mano derecha sobre la mía.

Me asusté un poco y mi pulso se aceleró por consecuencia. Esperé con impaciencia sus próximas palabras.

—Señor Mlynowski —interrumpió la señora Beatriz desde la recepción— aquí tengo el libro que había pedido, si gusta recogerlo.

Noté un deje de tensión en la voz de la jefa.

—Discúlpame unos segundos, por favor —me dijo insistentemente.

Ese sujeto era muy inquietante, tenía la sensación de que si corría ahora no me dejaría escapar y me atraparía sin mucho esfuerzo. Tenía que idear algún plan rápidamente.

Pasee la mirada de nueva cuenta por los pilares de libros que se encontraban en la mesa, me detuve en su libreta y la tomé sin pensarlo. Eché un vistazo al contenido, tenía una caligrafía bastante familiar. Me giré y me cercioré de que no me viera (él seguía charlando con la señora Beatriz). Continué hojeando con rapidez, no entendía nada. Se encontraba separado por fechas y, más que “cosas del trabajo”, parecía un diario personal. Empecé a leer detenidamente:

“Hoy no he notado cambio alguno, todo sigue igual, pero tengo que registrar todo lo que suceda…”

“… me he puesto a pensar, ¿se habrá dado cuenta de algo sin que yo lo supiera?…”

“Odio no poder acercarme a ella, solo observarla de lejos me saca de quicio…”

—No puedes hacer eso —una voz me advirtió.

Inmediatamente cerré la libreta. Levanté la vista.

—… Anahí —suspiré—… que susto me has metido.

—Deja eso, es de mala educación —tomó la libreta, pero no la solté.

Intenté explicarle, pero no quiso escucharme. En ese momento me pareció una mujer mayor a lo que me había dicho que era. Su semblante era duro y su carácter amenazaba con darme un fuerte sermón.

—Anahí, ese tipo es peligroso, tenemos que llamar a la policía —dije al fin.

—Pero, ¿Qué tonterías estas diciendo? —frunció el ceño— Quiero decirte que no soy una niña de cinco años.

Tiró fuertemente de la libreta, pero me negué a soltarla y forcejee con ella mientras intentaba convencerla. Ella no cedería fácilmente, parecía una persona completamente diferente; parecía cansada. Sus manos se aferraban aún más a la libreta.

No me escuchó y sucedió lo inevitable; la libreta se me salió de las manos y la inercia provocó que se desplomara en el suelo, desparramándose en partes ante mis ojos.

Hojas sueltas por doquier y fotos… mías.

— ¿Qué significa esto? —murmuré al tiempo en que caía de rodillas al suelo, estaba desconcertada.

Comencé a mirar más de cerca, revisando cada una de las hojas mientras mis manos temblaban y mis latidos retumbaban en mis oídos.

“Recuerdo como amaba platicar sobre esos temas tan extraños, nunca llegué a comprenderla por completo, sin embargo…”

“…a veces extraño pelear con ella…”

“… no entiendo porque me prohíben mantener contacto con ella…”

Todo parecía apuntar hacia a mi.

En este preciso momento no sé que pensar, todo es confuso. Pero, ¿acaso es una simple coincidencia? No, en definitiva esa no puedo ser yo. Porque yo no se nada al respecto. Es una broma, ¿cierto? Volteo al frente, ahí viene él, igual o más desconcertado que yo. Quiero correr, pero no puedo, todo da vueltas a mí alrededor.

— ¿Que quieres de mí? —exijo una respuesta— ¡Responde!

—Katia, lo siento mucho —se acerca a mi—. Katia, dime que me recuerdas… ¿Por qué nos pasa esto a nosotros?

—Debes irte, él está aquí —interrumpe Anahí, comunicándole al muchacho.

Espera un momento, algo parece escabullirse de entre mí mas profundo pensamiento, queriendo fluir dentro de mi mente como una vieja cinta de película. Este chico, la verdad es que a este chico lo conozco pero, no entiendo nada aún…

Estoy aturdida, volteo en busca de ayuda, pero no encuentro a Anahí. Me levanto.

—Katia, no me hagas esto —el muchacho me abraza bruscamente—…soy yo, Marco. Tranquila, soy yo.

—Marco… Marco —mi vista se nubla.

Su aroma llega a mi como una especie de brisa confortante, ¿algún tipo de droga? Pero, no me he quedado dormida.

—Marco —lo volteo a ver y tomo su cara con ambas manos— Marco ¿porqué no recuerdo nada?

—Un… una maldita enfermedad te quiere arrebatar de mi lado —sus ojos se llenan de lágrimas— pero yo, siempre…

— ¡Alto! —demanda una voz. Es Pedro, el conserje—  jamás te permití acercarte a ella, eso no estaba en el trato. Mantener contacto con Katia puede afectar su proceso de recuperación, ¿Dónde está Martha? Le dije que cuidara de ella…

—Iré por seguridad —dice la señora Beatriz y se aleja.

—Se lo encargo, doctora.

El conserje intenta quitarme de encima al muchacho. Pero el se niega a soltarme, me mira tiernamente y susurra unas palabras a mi oído.

— ¡No quiero que toques a mi hija! —grita el señor Pedro, furioso.

¿Su hija? ¿Qué está pasando?

Marco me planta un dulce beso en los labios y mis ojos se arrasan en lágrimas. Unos sujetos uniformados se lo intentan llevar como se llevarían a un criminal.

Ciertamente, no quiero que se vaya, no quiero que lo alejen de mi lado ahora que lo recuerdo. Lo tomo fuerte del brazo, pero todo es inútil ahora. Ambos somos separados.

— ¡Papá! ¡Déjalo! Por favor —Corro hacia él— ¡¿Cómo te atreves?! Engañarme de esta manera… esto no es una biblioteca, ¿Qué clase de broma es esta? ¡Anahí! ¡Anahí!

Busco en los alrededores. No la encuentro.

— ¡Anahí! ¿Por qué hiciste esto? —le reclamo a la psicóloga Martha—, no entiendo como pudiste prestarte a hacer trabajo tan sucio. Hacerme creer todo esto, “Anahí”…

—Hacerte creer esto… es para ayudarte, a recordar cosas simples que haces una y otra vez, en un ciclo continuo… —Anahí, o más bien, Martha, entra en escena luego de haberse escondido por miedo a una reprimenda.

— ¡Mentiras! ¡Todas son mentiras!

—Hija —dice mi padre—, cálmate. Ahora parece que quieres recordar, tranquila, todo va a estar bien y te vas a recuperar, de eso estoy seguro.

— ¡No padre! ¡Así no! No quiero recordar si él no está conmigo… no quiero —siento un picotón en mi brazo.

—Todo estará bien señorita, parece que está reaccionando bien al tratamiento —la señora Beatriz me sonríe tranquilamente.

Gente vestida de blanco se reúne alrededor, pero todo parece desvanecerse ante mí. ¿Porqué dormir cuando todo esta tan claro ahora? No quiero olvidarte. No debo olvidarte.

“Aunque de tu pensamiento sea borrado, mi amor por ti jamás se desvanecerá” Lo he vuelto a escribir, pero ¿Dónde lo he oído? ¿Un libro? ¿Una película?